Estos días Madrid acoge la Cumbre del Clima. Desde el 2 hasta el 13 de diciembre la capital española reúne a representantes de países, instituciones supranacionales y organismos internacionales que tratarán de cómo frenar los efectos del cambio climático junto a profesionales o activistas.

En paralelo a al Cumbre del Clima, algunos museos de Madrid se han querido sumar a la idea general del evento: la de alertar los peligros del cambio climático.

Por una parte, el Museo Thyssen mantendrá la obra Western Flag de John Gerrard en su patio de acceso durante toda la cumbre. Se trata de una instalación digital que muestra una bandera formada por el humo negro que sale de su mástil, sobre el terreno de Texas en el que se realizó la primera perforación petrolífera en 1901.

Western Flag de John Gerrard
Imagen del perfil de Facebook del Museo Thyssen

Por otra, el Museo del Prado y WWF se han aliado en la campaña “+1,5ºC lo cambia todo”. Aquí vemos una selección de algunas de las piezas más famosas de la pinacoteca madrileña y cómo se presentarían sus escenas en el caso de que “sólo” hubiera un grado y medio más de media sobre la tierra: los personajes de El Quitasol de Goya se convertirían en refugiados climáticos, Los niños en la playa de Sorolla estarían rodeados de peces muertos debido al aumento de acidez del agua o El Paso de la Laguna Estigia de Patinir dejaría a Caronte en medio de una laguna seca. Si cambia el clima, cambia todo, reza el lema utilizado por WWF.

Amenazas del patrimonio ante el cambio climático

Quizá no seamos conscientes de lo que supone entrar en un estado de emergencia climática para el patrimonio. Para explicarlo, el 11 de diciembre el Instituto de Patrimonio Cultural de España celebra un encuentro sobre Cambio Climático y Patrimonio.

Mientras esperamos las conclusiones surgidas de ese evento, toca examinar cuáles son las amenazas que atañen al patrimonio. En la primera década de los años 2000 el Centro de Patrimonio Mundial de la Unesco publicó varios casos de estudio sobre el cambio climático y el patrimonio mundial. Se trata de unos análisis del cambio del clima en los entornos físicos en los que se encuentran parques naturales, sitios arqueológicos o monumentos. Se recogen los datos científicos en los que los especialistas del clima observan cómo en cada entorno estudiado han subido las temperaturas, han disminuido las precipitaciones o han aumentado las lluvias torrenciales. Cada estudio plantea un futuro posible en el que, por ejemplo, la desertificación ya está provocando graves desperfectos en la milenaria ciudad de Tombuctú en Malí; o cómo el Támesis o la laguna de Venecia aumentan el nivel de las aguas, tanto ocasionalmente como de forma definitiva. Y cómo esta subida de las aguas tendrá (y tiene) un impacto en el patrimonio, también desde un punto de vista económico.

Tombuctú, en peligro por la desertificación

Las publicaciones de la Unesco sobre clima y patrimonio han continuado a lo largo de los años. Más recientemente, en julio de 2019, la 43ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial reunió una serie de expertos multidisciplinares para examinar el papel de los bienes patrimoniales frente al cambio climático. Las conclusiones se resumieron en el informe «El Futuro de Nuestros Pasados”. Según explica la Unesco “el informe proporciona un marco para catalogar de forma sistemática los impactos de los impulsores del cambio climático en el patrimonio cultural, a fin de ayudar a evaluar y gestionar tanto los riesgos climáticos para el patrimonio cultural”

Peligros del patrimonio ante el cambio climático

Por si los datos científicos de la Unesco no fueran suficientemente elocuentes, en los últimos años hemos comprobado en nuestras propias carnes patrimoniales cómo fenómenos meteorológicos como las inundaciones o las lluvias torrenciales están afectando más que nunca a nuestros monumentos e instituciones culturales.

Hace poco ha sido Venecia la que ha estado a punto de colapsar bajo las aguas; en 2016 el Sena se desbordó, provocando el traslado de las obras del almacén del Louvre e inundando los almacenes de otros museos que se levantan en torno al cauce del río. También las olas de calor afectan a los museos: en verano de 2017 se estropeó el aire acondicionado dentro de las salas de la Galleria degli Uffizi y hubo que cerrar el museo al público para que no se descontrolase la temperatura ambiental necesaria para proteger las obras de arte.

En la IV Jornada de Patrimoni Cultural, que organizó el Departament de Cultura de la Generalitat pudimos escuchar a los miembros del Historic Environment Scotland. Frente a la bravura del mar en sus costas y a la crecida de las aguas atlánticas, están monitorizando todos los cambios que se producen en la naturaleza. Saben que es la primera forma de proteger su patrimonio.

Soluciones desde la arquitectura para museos e instituciones culturales

Los museos deben estar preparados para estos posibles problemas derivados del cambio climático. La solidez de la arquitectura también debe de tener en cuenta aspectos como la estanqueidad del edificio y la funcionalidad energética. Por un lado, se necesitan distribuir eficientemente los almacenes si pueden ser afectados por las inundaciones. O, al menos, tener facilidad para mover las obras a los pisos superiores para salvaguardarlas de forma temporal. Por otro las instalaciones deben ser modernas y adaptadas a las necesidades actuales, especialmente en los edificios históricos.

Además, hay que preparar el edificio para que tenga una menor huella de carbono. Todas las construcciones contribuyen a las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. También los museos. Más si hay un consumo constante de energía, necesaria para mantener unas condiciones de humedad y temperatura que facilitan la conservación de las obras, pero también para hacer más cómoda la visita.

Ahora todos los nuevos edificios cuentan con un certificado de eficiencia energética, para evitar un sobreconsumo de los sistemas de ventilación: cuanta menos energía se pierda, o cuántos más recursos naturales se aprovechen, menos máquinas hay que poner a trabajar para establecer un estado óptimo del ambiente interno. Esto es fundamental en un museo, donde los conservadores exigen unas condiciones ambientales muy concretas. En España ya ha habido iniciativas de control de la eficiencia energética en 2012, con cambios de iluminación en conjuntos como el Museo Naval, el Museo Patio Herreriano, el Museo Thyssen o la Torre del Oro.

Con todo, hay que exigir a los centros culturales de nueva planta que cuenten con todos los criterios de sostenibilidad y, si es posible, que sean capaces de generar su propia energía limpia. Y, todos los museos, especialmente los públicos, tendrían que incluir en su política de transparencia la cantidad de emisiones de CO2 que genera y cuántas es capaz de compensar. Para ello, la plantación de árboles en los alrededores es fundamental; además recientes investigaciones de arquitectura demuestran que una masa vegetal ayuda a proteger de los aluviones fluviales al tener una gran capacidad de filtrado del agua.

Por último, se debería plantear si los nuevos equipamentos culturales proyectados al lado del mar son una buena idea ante una perspectiva de subida de las aguas de las desgalciaciones.

La supervivencia de lugares como Venecia depende de revertir efectos del cambio climático
Imagen de Peter Tóth en Pixabay 

En definitiva, la Cumbre del Clima de Madrid ha puesto sobre la mesa la necesidad de pensar de manera sostenible en todos los ámbitos. Los museos y los espacios patrimoniales también deben tener un firme protagonismo en la lucha contra el cambio climático. Porque, como el resto de la sociedad, también se ven afectados por un fenómeno climático que puede ser imparable si no hacemos nada para evitarlo.

Deja un comentario