Desde hace unos años las exposiciones de Barcelona ya no se encuentran entre las imprescindibles de la agenda cultural internacional. A veces, solo unas pocas se cuelan entre las listas de muestras más recomendadas de España. Somos muchos los que pedimos, ante esta realidad, un salto de calidad en las exposiciones temporales que se pueden visitar en Barcelona.

Sin embargo, la constancia que que las exposiciones barcelonesas se encuentren en un peldaño más bajo que otras capitales europeas no implica que dichas muestras sean de baja calidad. Que no lleguen a la excepcionalidad que encontramos en otras latitudes no supone que, haciendo una lectura de algunas de ellas (a veces a posteriori, como toca hacer ahora) expliquen el momento actual de cambios, crisis y adaptaciones provocados por la presencia de la COVID-19 en todo el mundo.

Por ejemplo, la exposición Después del fin del mundo del CCCB planteaba una visión del futuro del mundo en la segunda mitad del siglo XXI, en proyectos artísticos y tecnológicos que fantaseaban sobre las posibilidades adaptación ante cambios disruptivos. En la exposición se explicitaba la relación del ser humano con el planeta en cuanto a la sobreexplotación de los últimos 200 años. Pero muchas de las soluciones aportadas, como el autoconsumo o la salud medioambiental dentro de cada ciudad, también se están estudiando en la época postcovid.

Después del fin del mundo, imagen del CCCB

Cuando vemos el debate sobre los espacios de la vivienda y los elementos necesarios para pasar el mejor periodo de confinamiento posible, y aun el de la adaptación a la nueva realidad, no puedo sino acordarme de la exposición de Victor Papanek (1923-1998) que hubo en el Museu del Disseny. Este diseñador, autor y activista propuso un diseño social y verdaderamente útil a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, siendo sus enseñanzas totalmente vigentes en nuestros días. También en el Museu del Disseny de Barcelona pudimos entender las teorías de Adolf Loos (1870-1933) en una exposición monográfica. Este arquitecto austríaco fue uno de los primeros en hablar, desde finales de siglo XIX, de una arquitectura funcional, depurada, que elimina la estética en favor de la comodidad, tuvo una enorme influencia hasta hoy.

Una vista a la exposición de Victor Papanek
Fotografía: Meseret Martínez

Sobre recursos que hemos visto en los noticiarios para la lucha del coronavirus, como son el empleo de impresión 3D para crear mascarillas o el empleo de materiales textiles de moda para servir a los sanitarios, o la transformación de motores de la industria del automóvil en respiradores, las exposiciones de Barcelona tienen mucho que decir. Por ejemplo, la exposición de Design Does, coproducida por Elisava y realizada en colaboración con Domestic Data Streamers, nos advertía la responsabilidad del diseño en cada uno de nuestros actos. Cómo los diseñadores, los investigadores de materiales, los industriales, los humanistas y los ciudadanos tienen que trabajar en común para que el diseño pueda mejorar la vida de todos. Ahora que se está rediseñando el mundo del postcovid, con ideas como no tocar o la recuperación de elementos de un solo uso, es muy importante tener en cuenta estos factores.

¿Se puede vivir sin plástico?
Imagen: Museu del Disseny de Barcelona

También en la reciente exposición de Charlotte Posenenske (1930-1985) en el MACBA se observaba la producción en serie con piezas modulares ofrecidas de forma libre a los ciudadanos. Y, cómo no, sobre la manipulación de estos objetos por el público para servir a la sociedad, para hacerlos suyos y útiles.

Charlotte Posenenske: Work in Progress
Foto: Miquel Coll

Desde que apareció la Covid 19 en nuestras vidas se habla de analizar los datos de los móviles de los ciudadanos, para conocer nuestros movimientos. Con la información de los dispositivos se pueden mapear los itinerarios de los contagiados, como sucede en Corea del Sur y se puede castigar a los que infringen las normas del estado de alarma. Hace años, la exposición Big Bang Data en el CCCB nos ilustraba de cómo la información de nuestro uso de internet deja un rastro que puede ser leído y utilizado.

Las nuevas tecnologías son fundamentales para poder seguir con el teletrabajo, con la educación, con la comunicación y con el ocio. En este sentido, la Mobile Week programó la exposición Nuestra sencilla relación con la tecnología, con obras de la Colección Beep de Arte Electrónico. Allí se ponía de relieve que hay artistas que reflexionan sobre y con las nuevas tecnologías, no solo como una forma artística, sino con una filosofía detrás de cada pieza: el análisis sobre nuestros días ya estaba ahí. Incluso se mostraba una pieza como Enviroment Dress 2.0 de María Castellanos y Alberto Valverde, con sensores que reaccionaban al entorno para proteger a su portador. ¿Se podría hacer algo similar para evitar los contagios cuando salimos a la calle?

Enviroment Dress 2.0 de María Castellanos y Alberto Valverde

La parte de la comunicación desde casa, mirando a los objetivos de nuestras cámaras en millones de horas de directos de Instagram o en charlas de Zoom se ve reflejada en la exposición Retratos de la multitud de Natalie Bookchin, en La Virreina Centre de la Imatge. La artista compone obras de videoarte con el material público de las webcams de la gente: una mezcla del espacio íntimo con la necesidad de expresarse al exterior. ¿Os suena?

Mass ornament, Natalie Bookchin

Me imagino al fotógrafo Joan Fontcuberta mirando nuestro día a día, donde las pantallas y los objetivos son los protagonistas. La última exposición que comisarió en Barcelona fue Un mundo paralelo en el Arts Santa Mònica fue posible gracias a que los artistas contemporáneos se pasaron horas mirando otros lugares del mundo en una pantalla, concretamente el Google Street View. Porque los creadores buscaban errores en el visionado de paisajes y ciudades, recreaban antiguos trabajos fotográficos clásicos desde el ordenador, mostraban la cámara de Google en los espejos de museos o capturaban todos los fenómenos extraños vistos en la pantalla, para crear un arte que recicla la imagen del mundo digital.

Obra de Mario Santamaria: Trolling Google Art Project

Uno de los grandes elementos de ocio del confinamiento es el de los videojuegos que, como se podía visitar en la exposición de GamePlay en el CCCB, no son únicamente un juego y ofrecen múltiples puntos para analizar. Hoy, por ejemplo, los adolescentes utilizan juegos como Fornite para hablar con sus amigos a la vez que comienzan una partida nueva.

Por último, nos queda un modelo para el museo del futuro: un museo local, que busca entre su colección para ofrecer una visión tan nueva como fascinante. Es lo que hizo Francesc Torres en La Caja Entrópica: rebuscó en los almacenes del Museu Nacional d’Art de Catalunya para sacar a la luz obras olvidadas, nuevas lecturas de piezas clásicas y regalar una muestra sorprendente con el material que atesora el museo. Tan sólo ofreciendo una lectura novedosa y original.

Todas estas exposiciones de Barcelona, pasadas y presentes, y alguna más que se ha quedado en el camino, hablan de nuestra sociedad actual y de los retos para el futuro.

¿Quién se atreve a decir que el museo no sirve para la sociedad?

El pasaporte Articket Bcn para visitar los museos de Barcelona


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