Los historiadores del arte estamos acostumbrados a examinar las piezas artísticas. Además de estudiar todo lo que sucedió en torno a la obra de arte para poder construir un contexto, nos adentramos hacia los detalles del objeto, aun los más pequeños, para descubrir toda la información posible que dé respuestas a todas nuestras dudas.

Sin embargo, hay otro análisis todavía más detallado, a nivel microscópico. Este corresponde a los profesionales que trabajan con la química, sean expertos en esta disciplina u otros que necesitan la profundidad de estos estudios para otros trabajos, como los restauradores.

Un libro de homenaje a la Tabla Periódica

A este mundo en que la química y el arte van de la mano es a dónde nos ha traído Oskar González Mendia en su libro Por qué los girasoles se marchitan, de la editorial Cálamo. El subtítulo del volumen es “Los elementos químicos en el arte”, un tema en el que Oskar es un auténtico especialista y un fantástico divulgador en redes -en Twitter como @Oskar_KimikArte- y en medios de comunicación, como el Cuaderno de Cultura Científica.

La tabla periódica en el arte (y en las redes sociales)

El año pasado Oskar Gonzalez hizo en redes sociales un atrevido homenaje a los 150 años del nacimiento de la Tabla Periódica de Mendeléyev, creando publicaciones en Twitter para todos y cada uno de los elementos, los más evidentes y los más extraños. El título Por qué los girasoles se marchitan ordena en el papel muchos de estos contenidos y los amplía, pasando del formato virtual al de libro con un interesante texto.

La Tabla Periódica en el Arte, publicación del Museo Arqueológico Nacional

Los materiales químicos del arte

Por qué los girasoles se marchitan es un libro donde la Historia del arte se cruza felizmente con la Historia de la química.

Como bien explica la gente de ciencias, los elementos químicos están presentes en toda la naturaleza. También en los materiales utilizados por los artistas de todos los tiempos, desde las cuevas de Altamira hasta el plátano de Maurizio Cattelan; desde un punto de vista geográfico, están en las obras de arte de la Antigua China, de las representaciones mayas o del arte occidental.

Los artistas, a lo largo de la mayor parte de la Historia del Arte, han tenido que buscar los mejores componentes para materializar sus creaciones. En los talleres de los pintores se fabricaban los pigmentos de forma artesana hasta que la industrialización trajo los tubos de colores producidos en las fábricas. Este proceso de fabricación de colores era posible gracias a la innovación de los químicos, que conseguían aislar elementos y encontrar compuestos químicos de nuevos pigmentos sintéticos que enseguida se comercializaban en el mercado para sustituir a los anteriores hechos de forma natural.

Por tanto, todos los descubrimientos químicos que comenzaron tras la Ilustración tuvieron un auténtico impacto en la Historia del arte. ¿Cómo explicar la ampliación de la paleta de los colores de la segunda mitad del siglo XIX si no es por la llegada de productos pictóricos fabricados en masa, gracias al trabajo previo de los científicos?

La Capilla Scrovegni de Giotto, pintada con azul ultramar
Foto de Luca Argalia

Los colores viajeros (y sus elementos químicos)

Los colores y los materiales artísticos se movían en un mercado de amplísimas rutas comerciales, miles de años antes de la existencia de la globalización. La púrpura de Tiro, el color más difícil de encontrar en la Antigüedad, venía de las secreciones de un caracol marino que sólo se encontraba en las costas del actual Líbano. El azul ultramar se derivaba del lapislázuli de las minas de Afaganistán. Por su valor económico, con él se pintaba el manto de la Virgen; y, si eras tan rico como el mercader italiano Scrovegni, le podías exigir a Giotto que decorase tu capilla en Padua con este prestigioso azul.

En la Edad Moderna, las conexiones entre Asia, Europa y América favorecieron el intercambio de materiales. Por ejemplo, la cochinilla americana llenó de veladuras de rojos los cuadros del Renacimiento y Barroco. O que las piedras preciosas que decoran la Custodia de Enrique Arfe de la Catedral de Toledo, creada para Isabel la Católica, provienen de Colombia y de Sri Lanka. También es interesante saber que el brillo de La gran ola de Kanagawa (1829-1833) de Hokusai contiene azul de Prusia: un pigmento creado en el siglo XVIII en Europa y que viajó hasta Japón en los barcos de los comerciantes holandeses.

La gran ola de Kanagawa de Hokusai, pintada con azul de Prusia

Entender la química para entender el arte

En el libro de Por qué los girasoles se marchitan se explica continuamente el cambio de materiales para el arte: soportes, pigmentos, materiales de construcción, etc., varían a lo largo de la Historia.

A veces estos cambios son apreciables a simple vista. En otras ocasiones hay que acercarse a un nivel microscópico y mirar a la cara a las formaciones químicas de los materiales del arte.

Conocer los elementos químicos que hay en una obra es fundamental para muchas actividades profesionales. Para los restauradores, saber cómo se “transforma” un elemento a lo largo del tiempo ayuda a anticiparse y facilitar su conservación. Y puede establecer el color “auténtico” de una pieza, cambiado por décadas y siglos de exposición: hay museos que están recuperando el aspecto original de las piezas utilizando imágenes virtuales, dejando su referente real intacto.

Definir una obra en su formación química, con todas sus peripecias, también sirve para informar sobre otras obras de similar composición. Por supuesto, los estudiosos de las piezas históricas pueden determinar la edad de la pieza artística por los materiales empleados; incluso les alerta de la existencia de una falsificación, con pigmentos demasiado modernos para haberse ejecutado en una época concreta.

Libro Por qué los girasoles se marchitan de Oskar Gonzalez

En definitiva, el libro Por qué los girasoles se marchitan ensancha las fronteras del mundo del Arte y de la Química, uniendo dos disciplinas que comparten más puntos en común de lo que pudiera parecer.

Hoy continúan apareciendo nuevos estudios que influyen directamente en el conocimiento de la otra disciplina. Que siga la química entre arte y ciencia.


Por qué los girasoles se marchitan de Oskar González Mendia, de Ediciones Cálamo. Lo encontrarás en la web de la Editorial, en tu librería de confianza o en Amazon.

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