Análisis de Redes Sociales aplicadas a ámbitos culturales

Las aventuras barrocas del cómic ¡Matad a Caravaggio!

Caravaggio posee una biografía fascinante, rodeada siempre la polémica, tanto en lo que se refiera a su revolucionaria pintura como a sus frecuentes peleas con la espada. Además, a pesar de que era un artista muy conocido en su tiempo, todavía existen algunos episodios de su vida que están rodeados de misterio. La combinación de una vida de cine, junto a la posibilidad de completar los aspectos desconocidos de su vida, convierten a Caravaggio en un personaje estupendo para llevar a cualquier narración.

En el cómic ¡Matad a a Caravaggio! de Panini Cómics el guionista Giuseppe de Nardo y el dibujante Giampiero Casertano comienzan llevándonos a la Roma de principios de siglo XVII. Caravaggio ha matado al noble Ranuccio Tomassoni en un duelo y ha sido condenado a sentencia de muerte, así que huye a Nápoles, que queda fuera de los dominios del papa. Un cardenal italiano contrata a un soldado de fortuna español, el capitán Pablo Serrano (estos dos son personajes de ficción). El capitán tiene que traerle a Caravaggio vivo o muerto antes de que el nuevo pontífice, Paulo V, le conceda el perdón, por tratarse de un eminente artista al servicio de la Iglesia.

Los autores del cómic colocan al cardenal en el bando de los críticos contemporáneos de la pintura de Caravaggio, que además era precedida por los actos poco santificables de su creador: “¿Es más fácil que un pecador, un asesino, pueda pintar la gloria de Dios o que su arte pueda convertirse en un instrumento del demonio?”, afirma.

El cardenal explica al buscafortunas qué ha significado la pintura del gran artista del tenebrismo en las primeras páginas de ¡Matad a a Caravaggio!. Para ello, le muestra dos cuadros de Caravaggio: la Virgen de Loreto o de los peregrinos (1604) y la famosa Vocación de San Mateo (1601). “Un pintor, con sus pinceles, debería representar la belleza de la vida celestial…” continúa el cardenal, incidiendo en la suciedad de los pies de los peregrinos, en la cara de una prostituta que ha inspirado el rostro de la Virgen o que el Cristo que aparece entre las sombras de la Vocación es como “un conspirador, un asesino que enrola a sus mercenarios en una sórdida taberna”. Para el cardenal, al arte es un arma poderosa para transmitir el mensaje religioso, y la atractiva pintura de Caravaggio no sirve para este propósito, sino para corromper las almas.

A partir de este encargo, comienza una historia de aventuras en las que el capitán Pablo Serrano tiene que encontrar al pintor barroco. Cuando llega a Nápoles, Caravaggio ya se ha trasladado a Malta. Allí el artista ha sido acogido por la Orden de San Juan. En el cómic de ¡Matad a a Caravaggio! aparece el Gran Maestre Alof de Wignacourt, el gran valedor de Merisi, ante el retrato que le hizo Caravaggio.

El Maestre Alof de Wignacourt, ante el retrato que le hizo Caravaggio

El pintor que presenta este libro está atormentado por su pasado homicida, sabiendo que está en peligro constante por sus actos. De hecho, repite varias representaciones de David con la cabeza de Goliath como trofeo de su hazaña bíblica: en la cabeza sale el pintor representado, como prefigurando qué le podría pasar en cualquier momento.

Las peripecias continúan por Sicilia y de nuevo por la península itálica, con la playa de Porto Ercole como escenario de un imaginativo desenlace que aprovecha los vacíos de la biografía de Caravaggio, especialmente en lo relativo a su fallecimiento.

El guionista de ¡Matad a a Caravaggio!, Giuseppe de Nardo, añade unas páginas como colofón a la aventura en las que explica cómo han trabajado en este libro. Además de creador de historietas es profesor de Historia del Arte. Se nota, ya que afirma que ha investigado profundamente la época y los lugares para crear una historia creíble en aquellos pasajes más históricos. En el libro se señalan los contrastes entre las clases altas poderosas que viven en palacios bellamente decorados con las clases bajas, que sobreviven con lo que pueden. Y como se entremezclan los dos mundos para que unos cumplan los deseos de los que ostentan el poder a cambio de dinero. También se vive la violencia como un hecho bastante habitual en esta sociedad, incluso en una ciudad tan importante como Roma.

Caravaggio pintando La decapitación de San Juan Bautista

En lo que se refiere a lo artístico, cuando Caravaggio pinta sus obras de Malta, los grandes grupos de su última época, lo hace en una viñeta que refleja bien lo que se conoce por las fuentes documentales. El artista observa los modelos del natural, que posan en la composición decidida por el maestro. Están fuertemente iluminados por una ventana que lleva la luz de la parte superior derecha hacia la izquierda del cuadro. Hasta un soldado sin formación como el capitán Pablo Serrano reconoce los cuadros de Caravaggio entre los de los demás pintores cuando realiza su búsqueda: “Los colores de Merisi tienen tanta fuerza…las figuras parecen salir del fondo como si fueran reales”.

El capitán Pablo Serrano observa El Martirio de Santa Lucía de Caravaggio

Por último, también se observan los ecos de la Contrarreforma en Roma y la lucha de poder -no sólo religioso- con el norte protestante, en el que el arte se convierte en uno de los instrumentos más eficaces, más que una espada. El cardenal romano comenta al capitán Pablo Serrano al inicio del cómic que “la fuerza evocadora de una imagen penetra en el corazón de los hombres más de lo que puede hacerlo la palabra. También en quienes no saben ni leer ni escribir”.

Porque Caravaggio fue el gran maestro de producir las imágenes más sencillas y directas con las que transmitir el mensaje con eficacia. Lo sabe bien uno de los personajes de ¡Matad a a Caravaggio!:

Caravaggio nos recuerda que somos hombres. Y pecadores. Nos dice que el bien, el mal, las pasiones y la piedad son de este mundo”.

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