Los siglos XII y XIII fueron una edad de oro para la Iglesia de Roma en todo el Occidente Europeo. Son años en los que hay una unificación de los ritos, al tiempo que se vive un excelente momento económico, que explica cómo se construyen y embellecen tantos templos. La Peste Negra de 1348 acaba con los siglos dorados para la sociedad y el arte.

Por tanto, durante esa época existe un espacio espiritual común desde Escandinavia al Algarve, desde Polonia a Sicilia, donde cualquier fiel podría seguir las celebraciones religiosas y entender el mobiliario litúrgico de las iglesias.

Frontal de Altar de Sant Cebrià
Frontal de Altar de Sant Cebrià
Foto del Facebook del Museu Epsicopal de Vic

Un marco espiritual y artístico común en Europa

La unidad espiritual que alentaba una entidad supranacional tan poderosa como la Iglesia de Roma tenía su incidencia en las manifestaciones artísticas. Si bien la arquitectura del románico y gótico tenía unos elementos comunes que permiten definir los estilos, también existen unas características particulares según las escuelas geográficas. Esto lo explica perfectamente el libro de la Historia del Arte en Cómic: La Edad Media.

La Historia del Arte de la Edad Media en cómic

Pero en el interior de los templos, los altares y las demás piezas de mobiliario religioso son muy parecidas en las diferentes latitudes. La unidad en el ritual y la presencia de peregrinos que acudían a los centros espirituales hacía que los elementos mobiliarios fueran comprensibles por los fieles de toda Europa, por su estilo e iconografía.

Viñeta de Historia del Arte en Cómic: La Edad Media de Pedro Cifuentes
Viñeta de Historia del Arte en Cómic: La Edad Media. Pedro Cifuentes

Los frontales de altar que unen el Norte y el Sur

Este espacio común de la Europa medieval es el punto de partida de la exposición “Norte y Sur: Arte medieval de Noruega y Catalunya 1100-1350”, realizada en el Museu Episcopal de Vic junto con el Museum Catharijneconvent de Utrecht. En ella se presentan los frontales de altar pintados de Noruega y Catalunya del período 1100 a 1350, muy similares a pesar de la distancia de 3000 kilómetros entre ambas regiones.

La decisión de comparar las obras de estos lugares no es baladí. Existen en toda Europa un centenar de frontales de altar pintados: Catalunya posee unos cincuenta y Noruega unos treinta, lo que los llevan a concentrar la mayoría de los ejemplos en dos puntos europeos.

La localización de las piezas en iglesias muy apartadas y rurales, que no sufrieron grandes conflictos ni se sometieron a grandes cambios estilísticos; la existencia de instituciones artísticas desde el siglo XIX que apostaron por la conservación de su patrimonio eclesiástico permitieron la pervivencia de las obras hasta hoy.

Además, en el caso noruego, se optó por una rama religiosa, el luteranismo, que respetó las imágenes, sin caer en revueltas iconoclastas. Es más, la pérdida de culto de las tallas ha facilitado la conservación de las policromías originales de la Edad Media, mientras que en el resto de las obras del sur católico se decidió por repintes constantes.

La variedad de tipologías de muebles religiosos

La exposición “Norte y Sur: Arte medieval de Noruega y Catalunya 1100-1350” del Museu de Vic permite trazar una idea sobre cómo eran los altares de las iglesias europeas del período, tomando como modelos la gran cantidad de piezas que hay en ambos lugares. Además, como en Noruega muchas piezas han dejado de tener uso, han mantenido su aspecto más genuino, permitiendo entender algunas obras del mundo católico medieval.

En este sentido, en Noruega existen unas piezas denominadas en sus inventarios “casita con puertas”, que podríamos interpretar como tabernáculo-retablo. Son imágenes de santos y Vírgenes dentro de una estructura de baldaquino que puede cerrar sus batientes, que también contienen decoración.

Estudios recientes, como el del Santo diácono de Santa María de Cap d’Aran, han situado la escultura original dentro de un retablo-tabernáculo, cuyas piezas retablísticas estaban dispersas. Estos ejemplos, más la existencia de tallas de Vírgenes entronizadas que presentan su espalda totalmente plana y vertical, ayudan a comprender que las esculturas podrían estar inscritas dentro de una estructura mobiliaria. Así se puede apreciar en la talla de Santa María “La Rodona” de Vic.

La tendencia a convertir los altares en pequeñas arquitecturas mobiliarias crea estructuras propias y definidas dentro del espacio cultual. Los relicarios y las arquetas imitan a pequeña escala el gran aparato dispuesto en los lugares de culto, mientras que en Catalunya el frontal de altar se puede acompañar de tablas laterales policromadas.

Sant Esteve de Santa Maria de Cap dARan
Sant Esteve de Santa Maria de Cap d’Aran
Foto del Facebook del Museu Epsicopal de Vic

Algunas obras maestras de la exposición del Museu Episcopal de Vic

Continuando con los relicarios, en Vic se puede disfrutar del magnífico relicario de Filefjell, ca. 1230-1250. Es una pieza excepcional, totalmente decorada y con adornos de cabezas de dragón, continuando la relación con el arte vikingo. El modelo de estos relicarios nórdicos está en la gran tumba del rei Olaf II en la catedral de Trondheim. De este sepulcro relicario no tenemos referencias, ya que fue destruido durante la Reforma protestante.

Olaf II introdujo el cristianismo en Noruega. Por este hecho y por hacer milagros desde el mismo momento de su muerte, la Iglesia lo convirtió en San Olaf.

La historia de este rey se cuenta en una de las mejores piezas de la exposición: el frontal de altar de San Olaf de la catedral de Trondheim, realizado hacia 1300. Este es uno de los tesoros artísticos de Noruega: por su localización en el centro de peregrinación cristiana de Escandinavia, por vincularse al “Rey eterno de Noruega” y por su indudable calidad artística.

La narratividad de la pieza, la división espacial ordenada en escenas, la arquitectura pintada, el uso de colores vivos, la linealidad de la pincelada…son apreciables en el frontal de San Olaf. Pero también en otro frontal de altar presente en la exposición, como el de Sant Cebrià de Cabanyes, del segundo cuarto del S. XIV. Las mismas similitudes son visibles en el resto de las pinturas de Noruega y Catalunya.

Frontal de San Olaf de Trondheim Noruega
Frontal de San Olaf de Trondheim
Foto del Facebook del Museu Epsicopal de Vic

Una influencia común en toda Europa

El parecido más que evidente se debía a que, a grandes rasgos, los códigos artísticos estaban compartidos en toda Europa.

En los siglos XII, XIII y XIV existían algunos centros de referencia, como la corte papal de Avignon o el monasterio de Cluny. Y había caminos de peregrinación y rutas comerciales que comunicaban ideas, estilos e incluso objetos.

Por ejemplo, las Vírgenes con el Niño de Noruega están realizadas en su mayoría en el norte de Francia, o directamente influidas por ellas. Se observa incluso en la imagen de la exposición procedente del territorio más al Norte: una Virgen dentro de un tabernáculo-retablo de Islandia.

En este espacio continuo medieval abierto y comunicado, se juega con la comparación entre piezas separadas por 3000 kilómetros: la mayoría de ellas es imposible situarlas correctamente al sur o al norte, a no ser que dispongamos de un ojo muy especializado en este tipo de arte y período.

Sin embargo, también hay otros influjos que crean diferencias en el arte. Por ejemplo, en Catalunya el Crucificado en majestad viste túnica larga, por el peso de Bizancio a través del mar Mediterráneo; en Noruega sus Crucificados sólo llevan sudario.

Crucificados de la Edad Media de Noruega y Catalunya
Un crucificado de Noruega y otro de Catalunya. ¿De dónde es cada uno de ellos?
Foto del Facebook del Museu Epsicopal de Vic

Conclusión: una Edad Media abierta y comunicada

La exposición de “Nord & Sud” que se puede visitar en el Museu Episcopal de Vic hasta el 15 de setiembre pone de relieve una Edad Media de una rica homogeneización en las piezas de arte mueble y las tallas devocionales que formaban parte del interior de las iglesias.

Mientras que la arquitectura dependía más de los recursos materiales del entorno, las obras que daban sentido a los altares se realizaban fundamentalmente a partir de la madera. Además, la circulación de modelos, tanto en dibujos como en los propios objetos, era constante.

La exposición incluso presenta un batiente de un retablo-tabernáculo con la figura de San Pedro. Es una obra noruega que se cree que fue realizada por un autor inglés, un mítico monje pintor inglés llamado Matthew Paris, que estuvo de visita por centros religiosos escandinavos. Porque también había un continuo movimiento de artistas y artesanos.

San Pedro de Mathew Paris Noruega
San Pedro en un batiente de retablo tabernáculo. ¿Obra de Mathew Paris?
Foto del Facebook del Museu Epsicopal de Vic

Todos estos datos expuestos hasta ahora, de objetos y personas viajeras, de visión común en un espacio tan amplio como Europa Occidental hablan de un hecho incuestionable. El de una Edad Media abierta, dinámica y viva, muy alejada de los constantes ataques de oscurantismo que recibe este período.

La exposición también explica la necesidad de encontrar elementos comunes a través del arte. Porque permite el diálogo y el entendimiento entre pueblos situados a enormes distancias.

En definitiva, la exposición “Nord & Sud” es un canto a un mundo que exalta los muchos componentes compartidos y no las pocas diferencias, sin importar los kilómetros de lejanía que haya.


Exposición “Norte y Sur: Arte medieval de Noruega y Catalunya 1100-1350”

En el Museu Episcopal de Vic hasta el 15 de setiembre de 2020.

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