Análisis de Redes Sociales aplicadas a ámbitos culturales

Creación de contenidos para el museo

Índice de contenidos en este artículo:

1. Nuevo nombre para un retrato del Museo Lázaro Galdiano
2. El público participa en el museo ofreciendo información
3. El crowdsourcing cultural en la Biblioteca Nacional de España
4. Wiquipedistas en residencia en el museo
5. Generar conversación para obtener información para el museo

Nuevo nombre para un retrato del Museo Lázaro Galdiano

Fue noticia viral hace unas semanas. El ilustrador Luis Pastor identificó un retratado de una miniatura del Museo Lázaro Galdiano con el famoso escultor Auguste Rodin, cuando en la ficha de la institución aparecía como el rey Leopoldo de Bélgica. Una investigación vía Twitter por parte de Luis Pastor, bien argumentada y aportando los documentos gráficos necesarios para cambiar la atribución, puso el nombre definitivo del personaje del retrato. El Museo Lázaro Galdiano admitió el resultado, corrigió la ficha y la cartela de la pequeña pieza y publicó ante los ojos de todos los tuiteros el examen que los técnicos del museo realizaron a la obra.

Para finalizar esta hermosa peripecia, la nueva ficha del catálogo de la obra explica en OBSERVACIONES: «PASTOR, LUIS (2019): A través de Twitter nos ha llegado la identificación del personaje», para que quede constancia de este hallazgo vía redes sociales.

Esta “intromisión” vía redes sociales en las obras del museo para subsanar un aspecto de una pieza no es algo novedoso. Como apuntó Santos M. Mateos y así aparece en un artículo de su blog, en 2015 el medievalista Albert Velasco corrigió un tuit del Museo del Prado. En la publicación de la pinacoteca se aseguraba que en el Tríptico de la Adoración de los Magos de Hans Memling se hallaba la primera representación de Baltasar como rey negro. Albert Velasco apuntó que esa figura aparecía 80 años antes que la pieza del Prado, adjuntando la bibliografía especializada para consultarlo. En ese momento el Museo del Prado consultó con los especialistas de la institución para contrastar la información aportada, admitió su error, corrigió la cartela en sala y dio las gracias a Albert Velasco.

Eran otros tiempos en el mundo 2.0 para mostrar algo más que un agradecimiento, no como ahora que hemos visto hasta la ficha del catálogo con los cambios y las observaciones del cambio de nombre en la obra.

Tríptico de la Adoración de los Magos de Hans Memling ©Museo Nacional del Prado

El público participa en el museo ofreciendo información

Los que observamos la comunicación online de los museos y reclamamos que las instituciones propicien la participación del público, también pensamos en estos procesos de estudio y mejora de la información de las obras. Obviamente, el museo tiene sus técnicos y especialistas. Pero, como sucede en todos los sectores, no poseen todo el conocimiento de las obras que tienen que conservar.

Que nadie me malinterprete y piense que estoy llamando ignorantes a los trabajadores de los museos: simplemente es imposible que dominen toda la bilbiografía publicada, incluyendo las más actuales, o que conozcan los temas que tocan transversalmente a las obras que estudian. Valga como ejemplo de esto último la reciente llamada del Museo del Prado al Geoparque de Cantabria para que les ayuden a identificar el paisaje real de una pintura de su colección obra de un artista cántabro. Las dudas hicieron que el geólogo Luis Collantes pidiera la colaboración de sus colegas de toda España. ¿Quién mejor que ellos para saber dónde se ha realizado un paisaje realista de Agustín Riancho?

Aquí hay que recordar otro detalle: cualquier persona puede aportar una información crucial para el conocimiento de una obra. No sólo un doctor especializado en Historia del Arte. Puede ser una persona sin estudios, pero que ha vivido en un momento y un lugar concreto, la que desvele un detalle crucial. Por ejemplo, el uso de una herramienta antigua, aspectos olvidados de un oficio desaparecido, cuál es esa calle en una foto de época o quiénes son el hombre o mujer que aparece en una instantánea. Para revelar esos detalles no hace falta haber asistido a ningún curso, sino tener una memoria vital que se va perdiendo con la velocidad del cambiante presente.

Y, ojo, antes de que nos pongamos exquisitos, no vale todo. Ofrecer un dato nuevo objetivo no es igual a dar por buena cualquier teoría estrafalaria. Hacer una investigación rigurosa es algo muy serio como para aceptar cualquier extraña conspiración sin pies ni cabeza.

Paisaje, de Agustín Riancho ©Museo Nacional del Prado

El crowdsourcing cultural en la Biblioteca Nacional de España

Hay otras maneras de favorecer la participación de la ciudadanía para que ayuden a completar el conocimiento que tiene una institución cultural. Una de ellas es el crowdsourcing, un término inglés que define a la intervención de un número de voluntarios en una institución para que les ayude a llevar a cabo determinadas actividades.

El pasado 6 de febrero la Biblioteca Nacional de España realizó una sesión de trabajo cooperativo en la que se propusieron 7 proyectos relacionados con el material archivado: identificar los retratos de los políticos de la Asamblea Constituyente de 1869, situar en un mapa las localizaciones de las fotografías realizadas por Jean Laurent en el siglo XIX, aportar más conocimientos sobre los grupos musicales reunidos en el catálogo…

¿Quién es quién en la Asamblea Constituyente de 1869?

Elena Sánchez Nogales, del Servicio de Difusión de Contenidos Digitales, Portales y Redes Sociales de la Biblioteca Nacional de España explicó en febrero, dos semanas después de iniciado el proyecto, que el proyecto de A mi distinguido amigo…, que propone la transcripción de dedicatorias en postales y fotografías, estaba cerca de completarse. “En otros, y como era de esperar, el nivel de validación avanza con más lentitud, por la naturaleza más compleja de las tareas o la necesidad de que coincidan más contribuciones para dar por validadas las aportaciones”, explica Elena Sánchez. Continúa diciendo que “los proyectos que requieren menos investigación y consulta de fuentes: proyectos de transcripción y geolocalización suelen ser los que más animan a contribuir. En oposición, los más complejos son los que se perciben como más “necesarios” e “importantes”. Hay que mantener el equilibrio entre las dos perspectivas, y ofrecer siempre entre los proyectos activos una combinación de niveles de dificultad, temáticas e intereses posibles.”

En la página web de la Comunidad BNE se puede acceder a los proyectos que están en marcha e iniciar una nueva colaboración. También aparecen las estadísticas de los participantes: 293 desde febrero que han realizado un total de 2.121 tareas. ¡Y todavía queda muchísimo trabajo por hacer!

También puedes transcribir un diccionario de la BNE

Wiquipedistas en residencia en el museo

Los museos también deben apostar por el proceso contrario: el de exportar la información a la comunidad. Y nada mejor que hacerlo que a través de la Wikipedia, la enciclopedia online de nuestro tiempo. El Museu Picasso de Barcelona fue una de las primeras instituciones internacionales en contar, en 2010, con un wikipedista residente dedicado a volcar los contenidos del museo a los artículos de la Wikipedia. La activa red de la Viquipèdia, la sección catalana de la Wikipedia, consiguió que a lo largo de estos años contásemos con wikipedistas residentes en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Museu d’Art Jaume Morera, el Museu d’Història de Catalunya, el Museu de la Música de Barcelona o la Fundació Suñol.

Otra manera de acelerar la información que se coloca en la Wikipedia es la de crear jornadas específicas con voluntarios. Estos encuentros y wikimaratones hacen que los contenidos de un museo se propaguen de manera exponencial en la enciclopedia en línea más famosa.

Entrada del Museu Picasso de Barcelona, imagen de la Wikipedia

Generar conversación para obtener información para el museo

Para que suceda este continuo trasvase de información, es necesario que los museos posean páginas webs actualizadas con acceso a catálogos y contenidos sobre la institución, y que tengan una presencia activa en redes sociales con las que se consigue crear comunidad. Así podrán obtener información constante por parte del usuario: siempre recibirán la visión personal del público, pero, en los casos excepcionales que hemos observado, también pueden obtener información que completa o corrige la que atesora.

El museo es una de las grandes instituciones para recoger el saber colectivo, pero también tiene que provocar que los ciudadanos compartan su conocimiento.

Sólo así se conseguirá crear un mejor museo para todos y entre todos.

 

 


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